Ballesteros-Pérez y Sierra-Sosa
Movilidad, trabajo y cuidados entre mujeres mayas
Mis hijas también trabajaron en hoteles, pero ellas entraban por la CROC1, no tenían
seguro ni contrato fijo. Las ponían como bufeteras, a surtir el bufet, porque no las dejan entrar
a la cocina por los riesgos. Sólo mi hijo, el más chico, siguió mis pasos y es cocinero.
Un día, trabajando, me caí por las escaleras del hotel. Me fracturé y estuve internada un
mes. El hotel al principio me apoyó, me dieron dinero mientras estuve incapacitada, pero
después falsificaron mi renuncia para no pensionarme. Así me quedé sin trabajo, sin seguro, sin
pensión. Sólo con las cicatrices en el cuerpo y la experiencia de haberlo dado todo.
Dejé Cancún porque ya no aguantaba más. La ciudad me enfermaba, me deprimía. Mi
papá aún vivía aquí en el pueblo, y decidí regresar. Cuando volví, no tenía nada, sólo un terreno
que mi papá me regaló. Con lo poco que tenía empecé a construir. Luego me junté con mi actual
esposo, quien ahora trabaja en Estados Unidos. Allá aprendió apicultura, y gracias a lo que me
envía pudimos terminar la casa y poner un pequeño negocio.
Ahora vivo aquí con mi mamá, que ya está grande y enferma. Mi esposo sólo viene cada
ocho meses. A veces me enojo con él porque dice que allá gana más y que si regresa, igual
tendría que salir a trabajar. Y yo me quedo aquí, sola, en esta casa grande que parece vacía.
Mi vida ha sido de lucha. Primero, como mujer indígena, aprendí que, si yo no salía a
buscarme la vida, nadie iba a venir a dármela. Luego, como madre soltera, supe lo que es
trabajar el doble para que mis hijos no pasaran lo que yo pasé. Siempre he estado entre la
cocina y la casa, entre el hotel y la familia, entre Cancún y el pueblo.
Aquí, con mis gallinas y mi tiendita, siento que vuelvo a tener control sobre mi vida,
aunque me siga acompañando el cansancio de tantos años de trabajo. Pero al menos estoy en
mi tierra, con mi gente, y a mi manera, sigo saliendo adelante.
La entrevista con María expresa una trayectoria de vida y experiencias atravesadas por
las necesidades que la familia como núcleo de reproducción social demanda, en un contexto de
desigualdad estructural, migración y precariedad laboral. La experiencia de María permite
observar cómo los trabajos de cuidado y las relaciones familiares han sido el soporte
fundamental de su sobrevivencia y movilidad social a lo largo de su vida.
La familia en estas comunidades ha sido el eje principal de una red que sostiene y apoya
el desplazamiento de los hombres y las mujeres en este caso María desde su infancia vinculada
a la comunidad y la cultura maya, creció con 10 hermanos familia ampliada que le ha permitido
tener acceso a fuerza de trabajo para el cuidado de sus hijos.
Cuando migró a Cancún, lo hizo a través de su hermana, quien ya residía y estaba
establecida en la ciudad. Esta red familiar fue importante para poder integrarse y para alojarse,
lo que le permitió encontrar empleo, este apoyo da sentido al arraigo de las familias mayas en
Cancún. De hecho, las redes de parentesco y coterráneos se prestan como el sostén central
para acceder a trabajo y vivienda, así son las mujeres indígenas de bajos recursos en su
desplazamiento hacia las ciudades de la costa Caribe.
1 Confederación Revolucionaria de Obreros y Campesinos (CROC)
UARICHA, 2026, Vol. 24, pp. 1-15
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